Un mundo un poco peor


Recientemente Houellebecq publicó una carta titulada «Un poco peor» en la que describe cómo será el mundo después del coronavirus.


Viene a decir que este mundo seguirá siendo igual pero un poco peor.


Lejos de describir el mundo nuevo postcovid desde el pesimismo o de construir un mundo catastrófico al que haya que temer, le parece una oportunidad para reflexionar sobre su propia labor, la de escritor.


En dicha carta enfrenta a Flaubert y a Nietzsche tratando de resolver el eterno conflicto, podríamos decir entre Apolo y Dionisio, respectivamente. Flaubert asegura que uno solo escribe bien cuando está sentado y Nietzsche, burlándose de él asegura que todo lo que no se concibe caminando es nulo. Nietzsche siempre fue un bailarín dionisíaco.


Houellebecq, da la razón a Nietzsche y dice que «tratar de escribir si no se tiene la posibilidad, durante el día, de caminar varias horas a un ritmo sostenido, es fuertemente desalentador: la tensión nerviosa acumulada no logra disolverse, los pensamientos y las imágenes siguen girando dolorosamente en la pobre cabeza del autor, que rápidamente se vuelve irritable, incluso loco».


¿Y?


El encierro que supuso el confinamiento vírico no nos dejó pensar con claridad. Nada se ve claro si el aire que se respira una y otra vez está enrarecido. No se trata de que el pensamiento se deba al orden apolíneo. La buena escritura roza la locura, pero solo la acaricia para regresar, al mundo real.


Como escritor, debes caminar siempre por la difusa línea fronteriza entre la cordura y la locura, entre Apolo y Dionisio, pero nunca debes permitirte que esa línea desaparezca del todo.


La buena escritura es aquella que se deja llevar. Una buena obra ha sido escrita por la mano de la musa, sin saber cuál sería de modo exacto la estructura de la novela, cómo acabaría o qué acciones tomaría o no, un personaje. Una buena obra se adueña de su autor, le roba su yo y le pone al servicio de lo que sea que tenga que suceder.


Sin embargo, si el equilibrio se pierde del todo, no se dará a luz nada bueno.
Como editor sé que ni Apolo, ni Dionisio. Ni Flaubert, ni Nietzsche. Debes vagar más allá de los márgenes de lo esperado, por arriba y por abajo, pero debe existir una trama coherente que te devuelva, después, a la frontera de la claridad.


Es aquí donde me necesitas. Como editor valoraré tus saltos, tu línea temporal, el giro de tus personajes, la estructura que si bien no debe verse sí debe estar.


Por eso, si has escrito algo confinado o cuando puedes pasear, es preciso que tu editor recorra cada línea de tu libro. Debo revisar tu recorrido, hayas escrito sentado o de pie.


¿Paseamos?


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