Trabajo, trabajo, trabajo

La famosa frase de Pablo Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando.” O la de Paul Valéry: “Los dioses facilitan el primer verso; los demás, los hace el poeta”.

El significado está claro: trabaja, trabaja, trabaja.

El genio alcoholizado en su buhardilla entre montañas de botellas vacías y folios garabateados es una imagen muy cinematográfica, pero vacía.

Es ficción.

Detrás de toda obra artística, hay un esfuerzo, un trabajo, no solo en ejecución, sino en formación.

Nadie escribe bien sin haber leído mucho y bien.

Nadie toca bien la guitarra sin base musical.

Nadie es un genio del Renacimiento sin pasar por el taller de Tiziano como aprendiz.

Se capta la idea, ¿no?

Pues lee, lee, lee antes de escribir. Fórmate.

¿Y después?

Sigue trabajando. Porque la ejecución, es trabajo, trabajo, trabajo. Una gota de inspiración, el resto es esculpir el David.

¿Quieres que tu libro se venda?

Me repito: trabaja, trabaja, trabaja.

No vale con quedarse de brazo cruzados.

Pon tu libro en una librería como Amazon y sé un escritor, con imagen de escritor y con talento de escritor.

De nada vale un libro en infinitos sitios si no sabes a dónde mandar a tus potenciales lectores, ni que decir, ni te ocupas de tu libro, ni trabajas.

La inspiración es una chispa, un instante, nada más.

Tú ya tienes tu sitio, el mejor de los posibles, ahora trabaja sobre él.

No eres un aedo ciego que dispara versos sumido en un éxtasis creativo y lisérgico.

Eres un escritor, y los versos esconden mucha mano de obra, mucha frustración, mucho esfuerzo y también una infinita satisfacción cuando trabajo e inicial inspiración se unen en algo bello.

Te subo el libro a Amazon y tú trabajas, trabajas, trabajas.

Eso es todo.