Sobre la obsolescencia programada literaria o Lou Reed

Un 17 de abril.


Año 2000.


Un concierto.


Lugar: Sala La Riviera, Madrid.


Lou Reed presentaba su magnífico Ecstasy.


Su último gran álbum de estudio.


No exagero si digo que mi hermano que me saca cinco años y yo éramos los más jóvenes del lugar.


Haciendo cola un simpático paisano ofrecía camisetas, cocaína, speed, jaco y cerveza. Tal cual. Lo recitaba como el afilador que pasaba de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios.


No sé si a eso se le puede llamar libertad, pero eran buenos tiempos.


Un concierto de Lou Reed que se precie debe ofrecer un surtido de propuestas de este tipo, además de algún travesti y de alguna prostituta en patines.


No se puede no exigir eso.


Era el puto Lou Reed.


Compramos dos camisetas que aún conservo y cerveza que no conservo.


Sonó metálico, sonó duro, sonó rock, puro rock. El padre del Rock&Roll Animal estaba ahí. Con su guitarra, su voz monocorde y su movimiento de robot.


El lado salvaje de la vida hecho música.


Tocó mucho pero hizo pocas concesiones a sus clásicos.


Algunas viejas tortugas le recriminaban: “Queremos al viejo Lou”. No conocían sus nuevos temas más allá de 1974.


¿Y?


Pedían al viejo Lou decían, pero en realidad pedían al joven Lou, porque el viejo Lou ya lo tenían delante.


Un grupo de chicas jóvenes y guapas llevaban una pancarta. "We love you Lou". Muchos corazones.


Nunca imaginé que un Lou de avanzada edad que canta sobre que la heroína es su vida y es su esposa, tuviera gruppies pero sí. Fue el momento Justin Bieber de la cosa.


Un gigante de 210 centímetros en primera fila y no más de 80 kilos, melena rubia hasta la cintura y un abrigo de leopardo hasta los tobillos le lanzaba rosas.


Pude ver la cara de pánico del viejo Lou cada vez que el gigante se movía.


¿Entonces?


Hoy llevo todo el día escuchando a Lou, y pensando en mis camisetas piratas que ya tienen veinte años y ahí siguen.


Me acordé de ese concepto tan anglo de la “obsolescencia programada”.


Cosas que se fabrican para consumo rápido y se programan para que su vida útil sea limitada en el tiempo y se te obligue a consumir más.


La buena música es eterna. Quieras o no al viejo o al joven Lou, está más allá de productos de usar y tirar.


La literatura también tiene obsolescencia programada. Y la música. Y casi todo hoy día.


Una macro editorial puede escribir un libro a veinte manos, editarlo, imprimirlo y distribuirlo en menos de una semana. Es más habitual de lo que crees.


Le ponen el nombre del famoso de turno y listo.


Tienen sellos completos dedicados a ellos.


Es la obsolescencia programada literaria. Libros de una campaña.


Las camisetas de Lou que compré al simpático camello tienen veinte años.


Un libro bien escrito y bien editado puede ser eterno y te lleva a cualquier tiempo en el que te apetezca estar, como el guitarreo de Sweet Jane cuando lo escuchas cualquier noche de verano.


Si te interesa hacer un buen libro, contrata a un editor.


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