Schopenhauer viendo DKiss y una paradoja espacio-temporal

Como ya os comenté en mails anteriores, mi consumo televisivo se resume en DKiss y poco más.


Gordos de 300 kilos, gemelas de 600, trillizos de 900 y así.


Ver a cirujanos plásticos inyectarse su propio bótox en el cuello frente a su espejo como el que se afeita el bigote por la mañana debe significar algo más allá del propio hecho.


Como para los masones el número 33 o para tu suegra cualquier día que vaya a tu casa.


Ya dije en el anterior mail que ver gente más jodida que uno es reconfortante y que eso ya lo había analizado Schopenhauer.


Estoy seguro de que si Schopenhauer viviera en pleno siglo XXI vería DKiss.


Se tumbaría en su sofá de escay color granate, se prepararía un Drambuie con Coca-Coca y un gran bol de nueces de macadamia y junto a su perro Adolf disfrutaría como un enano de cómo la doctora Lee explota todo tipo de protuberancias del tamaño de un pene promedio de la frente de Ayden Alexander Jr., de Idaho.


Cómo se reiría el viejo canalla de las ocurrencias de los simpáticos niños hindúes que nacen sin caja torácica o de la alegría de vivir que transmiten los mórbidos cuando los bañan con una fregona empapada en agua y jabón.


Me le imagino sin tanto dolor, sin tanto odio hacía su neronesca madre, sin ese odio a Hegel que le movía intelectualmente.


En lugar de tirar a la vieja por la escalera, DKiss haría de Schopenahuer un ciudadano modelo: saludaría a los vecinos y les ayudaría a raspar el parqué para luego pulirlo, llevaría bolsa biodegradable para limpiar las caquitas de Adolf, por supuesto iría siempre con mascarilla y gel hidroalcohólico —aunque estuviera solo en su coche—, no fumaría, follaría siempre desde la igualdad y se compraría un bonito cortavientos rosa fosforito en Decathlon para no perder el tono físico. Por supuesto.


Me imagino al viejo Arthur tan feliz presenciando el mal ajeno que ya no construiría filosofía pesimista, sino que iría los sábados por la mañana a echarse las cartas con el Gran Chamán Amadoo y escribiría reconfortantes libros sobre lo feliz que es uno siendo gilipollas.


La historia de la filosofía da un giro de 180 grados y ni el estructuralismo francés, ni el existencialismo ni el psicoanálisis han existido jamás.


La gente cura sus neuras yendo el domingo a misa y recogiendo garbanzos de lunes a sábado.


Y ahora me doy cuenta de que aquí se da una paradoja espacio-temporal completamente irresoluble: sin Schopenhauer no habría crisis en Occidente y sin crisis no habría DKiss, y sin DKiss Schopenhauer seguiría siendo el mismo viejo cabrón de siempre.


Oh.


Dicho esto, y mientras el doctor Now no me haga una manga gástrica, seguiré editando libros.


Si te interesan mis servicios, son estos:


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