No leas esto si no eres un guaperas

«Entrené a Ronaldo, no a este, sino al de verdad, al brasileño».


Palabra de Mourinho.


Se refiere a Ronaldo Nazario frente a Cristiano Ronaldo, el portugués, que en este caso sería «el falso».


Hace años cuando el infame OT, el de verdad, se puso de moda, los triunfitos salían por todos lados.


En una revista del corazón, con eco televisivo, nombraron «Cuerpo del Año» a Manu Tenorio.


Nuestro Paul Newman del flamenquito pop.


Manu Tenorio en esa época marcaba un saludable flotador abdominal y unas piernas extrañamente finas.


Fue un alivio como el gusto femenino había evolucionado desde inalcanzables como el propio Paul Newman, Marlon Brando, o los más cercanos de la Pasión de Gavilanes, a cuerpos y bellezas más identitarias, más marca blanca, como cualquiera de los triunfitos.


Que al cuerpo del año masculino le sobraran quince kilos y la única tonificación que conocía era la del gintonic, nos llenó de dicha a todos los hombres que siempre habíamos sabido que estábamos «tó buenos» pero nunca se nos había reconocido.


En esa época pre-confinamiento, donde podíamos esputar en la calle y dejar que los viejos se murieran tranquilos en las residencias sin importarle a nadie, estuvimos muy cerca de la felicidad gracias a esto. Se nos reconocía el esfuerzo de estar insanos.


Eran buenos tiempos si no eras viejo.


El otro día, Ronaldo, el verdadero, salió en la playa junto con una rubia en tanga que era su nueva novia.


El amor para el astro brasileño es dúctil.


Su cuerpo, sin duda, cumplía los parámetros para sustituir en lo del «Cuerpo del Año» al ya Rock & Roll Hall of Fame Manu Tenorio.


Una enorme barriga con abdominales y unos brazos cortos y fuertes.


Daba la sensación de que esa piel —«tu piel sabe latín», cantaba aquel— no se podía vacunar, ni siquiera tatuar. Dura y gruesa como la de un hipopótamo.


¿Será ignífugo?


Al bueno Ronaldo en su día le llamaban «Jumanji» cuando arrancaba en velocidad y ya nada ni nadie le podía parar.


Pues eso.


Durante todos estos años entre OT, el verdadero, y el Coronavirus, el chino, nuestros cuerpos han variado.


Unos se han acercado más al nuevo canon de belleza, la nueva dictadura del fofisano tirando solo a fofi, y otros, erróneamente han tratado de acercarse al canon marcado por Cristiano, «el falso».


Un canon que las mujeres ya no desean, porque no tiene el certificado del «Cuerpo del Año» ni la OMS se ha pronunciado al respecto.


A veces, la vida, como los libros, nos depara sorpresas.


Siempre habíamos estado a la moda aún sin saberlo.


Por eso, pretender escribir siguiendo modas literarias es un contrasentido.


Porque en cualquier momento, sale Ronaldo en su yate y te dice que la moda es otra y tú te quedas ahí, con tu libro y tus abdominales tonificados como un gilipollas.


Es mejor, tratar de ser siempre libre, aunque no te dejen salir de casa.


Escribir lo que te sale de dentro.


Comer como si no hubiera un mañana.


Que el criterio científico de la OMS es prácticamente el mismo criterio nutricional que tiene Manu Tenorio, es algo que deberíamos admitir y comprar torreznos una obligación de las fases 0, 1, 2 y 3 y las que surjan.


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