No eres tú, soy yo

- Hola, buenas tardes, ¿cómo estás?
- Lo siento Adrián. Tenemos que dejarlo. No eres tú, soy yo.
- Pero me pillas jugando al baloncesto.
- Vivimos etapas diferentes.
- Daff acaba de meter un triple.
- Yo estoy en una fase de la vida en la que necesito estar sola.
- E' un mondo difficile.

Todos, excepto los casados exitosamente desde temprana edad, los muy jóvenes, los muy feos o Higuaín (el futbolista argentino del que algún día les hablaré), conocemos el desamor.

Algunos más que otros.

No eres tú, soy yo. Una vida sin recibir esa frase no merece ser vivida.

¿Y?

Es muy moderno eso de no responsabilizarse de las decisiones que uno toma:

“He suspendido, es que el profe me tiene manía”.

“Te he pegado un herpes, pero es que últimamente te noto distante”.

En fin. Ya sabéis.

Pero si hay algo más moderno aún que no responsabilizarse es no saber afrontar la verdad de frente, los problemas a la cara. La hipocresía (y la envidia) como constitución del espíritu del pueblo español (concepto hegeliano).

No eres tú, soy yo.

Esa frase suele ir acompañada de posteriores reproches que son el nexo de unión entre "te dejo y la culpa la tienes tú" y "te dejo pero la culpa la tengo yo".

Recordando de nuevo a Hegel, vemos cómo la tesis y la antítesis se encuentran en el mismo lugar y en el mismo tiempo, contra toda lógica.

Es maravilloso.

Muchos escritores que viven enamorados de su libro tienen esta relación con la realidad.

¿No venden?

La culpa es del otro. El editor, el librero, el distribuidor, el pueblo que no lee, el sistema capitalista que nos empuja a placeres breves incompatibles con la lectura pausada de un buen libro, etcétera.

Al mismo tiempo no es de nadie, es solo suya y se deprimen: “soy yo y no valgo”, “no tengo calidad literaria”, “mi libro es una mierda”, etcétera.

Pues ni una cosa ni otra.

Simplemente, el escritor no sabe qué hacer con su libro después de terminarlo. Lo ha escrito pero el resto lo ha hecho mal. Al mismo tiempo es probable que nadie le haya dicho cómo hacerlo bien.

No es una mierda, pero la gente no le conoce y no hace nada para remediarlo. Además cree que el continente no afecta al contenido, pero sí.

Libros editados versus libros de trabajo escolar. He aquí una radical diferencia.

Ha dejado el libro en manos de alguien que no hace libros, que no es editor, que hace libros como el que hace salchichas.

Eso es culpa suya, de nadie más. Por elegir malas compañías.

Madurez para afrontar los problemas y no fustigarse. Trabajar bien para vender el libro bien. Eso es todo.

Si te interesa que un editor trabaje tu libro, siendo consciente de sus errores y limitaciones pero que prefiere que el fin del mundo le pille bailando, mira mis servicios:

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