Mido dos metros y no soy Brézhnev

Mido dos metros. Centímetro arriba centímetro abajo.


¿Y?


Llegué a pesar 125 kilos hace unos años.


Y adelgacé mucho a base de comer más de lo que lo hacía pero a unas horas concretas y de una determinada manera. A eso súmale un trabajo diario de pesas y baloncesto.


Me quedé en 90 kilos en quince meses.


Hice una dieta de ayuno intermitente y ejercicio muscular.


Me puse hecho un toro.


Desde hace ya casi dos años con ayuno intermitente y algo de ejercicio me mantengo en los cien kilos que como bien dice Bukowski es el peso que cualquier hombre de bien debe tener.


¿Entonces?


Escribía en un foro en el que era muy popular. Hice un hilo en el que describía pormenorizadamente todo este proceso y asesoraba en él.


Tuvo miles de lecturas y más de seiscientos comentarios de gente preguntándome cosas, comentando su proceso personal de cambio a raíz de este hilo, mujeres interesadas en saber quién era ese hombre mitad David Beckham mitad Francisco Umbral que escribía aquello, etcétera.


Hicimos una especie de comisión de hombres que aceleraban su metabolismo e incrementaban su testosterona a base de duchas frías al estilo ruso Brézhnev y cenar un pollo asado completo.


Eran buenos tiempos.


¿Y qué me enseñó todo eso?


Que cuando te propones algo y te lo propones en serio lo consigues.


Pero no vale con que te lo propongas y seas constante.


No.


Y aquí radica todo.


Lo que te propongas debe tener puto sentido.


Así de crudo.


Si tienes cuarenta años y el conocimiento de astrofísica de un niño de siete nunca serás astronauta, por mucho que te lo tomes en serio y te lo propongas.


Si mides un metro setenta, eres mujer y estás a punto de jubilarte nunca podrás taponar un mate en carrera a LeBron James, por mucho empeño que lo hagas.


Para escribir y terminar tu libro debes proponértelo en serio, ser constante, marcarte un horario de trabajo y escribir sobre algo que domines.


No hagas una novela sobre mecánica cuántica si para ti Max Planck fue arrestado en la Operación Puerto.


Pero si sigues la pauta de: seriedad, constancia y de empaparte bien del tema que vas a tratar, harás un libro, un buen libro.


Estoy seguro.


Por supuesto, un editor puede (y debe) asesorarte y ayudarte en todo ese proceso, igual que cuando haces dieta te ayuda un nutricionista o un preparador físico.


Pero con más razón, porque un editor te ayuda a abrir tu libro al mundo. Un mundo que él conoce bien porque es el suyo.


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