Mi amigo Runkle

Tengo un amigo que debería ser clasificado para mayores de dieciocho años.


¿Y?


Le conozco desde hace treinta y tengo treinta y siete.


Si ahora su esencia es de dos rombos, cuando tenía doce años era probablemente de tres.


¿Entonces?


Runkle no es su nombre real. Runkle es el divertidísimo personaje co-protagonista de una serie que es historia de la tele llamada Californication.


El otro protagonista es Hank Moody, protagonizado por David Duchovny, el de Expediente X. Solo que aquí deja de lado el “expediente” y se queda con la X. Atrás la tensión sexual con Scully, y da rienda suelta a su concupiscencia, en argot clásico.


Runkle y Hank son editor y escritor respectivamente y entre ellos hay una relación de estrecha amistad y degeneración.


A Runkle le pillan masturbándose en el trabajo y por eso le echan.


Runkle es un buen apodo.


En la serie se ve cómo el editor lucha para que el genio de Hank emerja de alguna manera y se deje de hacer mierdas publicitarias y de desgastar su vida y talento en aquello que George Best decía que había que (bien)gastarlo.


La cosa se complica cuando el editor también es absorbido por esa espiral y entonces nadie recomienda a nadie, el padre se transforma en hijo adolescente y si antes era el deber ser, ahora eso se esfuma. Y el talento queda reducido a una botella de bourbon y a unas bragas de encaje.


La serie es delirante y divertida.


Bien escrita.


Y nos enseña algo aunque sea en forma de homenaje paródico:


La estrecha relación que se puede dar entre un escritor y su editor.


Una relación que si fluye puede ir más allá de lo profesional.


No quiero decir que si me contratas vayamos a ser amigos.


Quiero decir que voy a tratar tu libro como debe tratarse un libro. Y te voy a dar un trato exclusivo y personal.


Me contratas y trabajo contigo. Nada más.


Por ello, no trabajo varios libros a la vez jamás. Así de simple.

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Eso es todo.