Loquillo

He visto a Loquillo en directo varias veces.

Una constante: casi tres horas de concierto, siempre.

¿Y?

Pues que siempre estoy tres horas saltando y gritando.

¿Entonces?

Me quedo afónico y con agujetas. Si en First Dates dicen que la edad es un dato, mi dato empieza a no dejarme bien parado.

Da igual.

Adoro el rock. Me gusta Loquillo.

Tiene planta, tiene porte, tiene estilo, sus letras molan, su rock es auténtico y es genuino como pocos.

La última vez llevaba una americana negra con la parte del pecho blanca. He leído que esa parte de una chaqueta americana se llama saco, pero no estoy muy seguro.

Estuve con mis ex compañeros de universidad y unos buenos amigos de toda la vida.

Me lo pasé en grande.

¿Y qué?

Mientras saltaba pensaba en que me encantaría editarle algún libro. Loquillo necesita un libro.

Sus aventuras, andanzas, momentos creativos, fiestas, mujeres, depresiones varias, alegrías, tristezas, contexto histórico y social. De todo un poco. Dejándolo en el lugar que se me merece:

Una persona que se ha labrado su carrera con talento y esfuerzo, mucho esfuerzo.

La gente tiende a minusvalorar el esfuerzo sobre el talento. Cuando el esfuerzo es mucho más importante.

Me gusta destacar el esfuerzo de la gente. El talento no tiene mérito. Y hay mucho genio desperdiciado en su propia vagancia.

Ser vago es lo peor que hay en el mundo. Es como que no te guste la cerveza, pero tomar cerveza sin alcohol. ¿Pero por qué haces eso?

En fin.

No pasa nada. Loquillo siempre vuelve a triunfar. Disco a disco, va a mejor. El esfuerzo, no hay más. Y yo bebí cerveza fría que no era Cruzcampo.

Si tienes un libro no lo dejes morir en su propia autocontemplación artística. Trabájalo. Y qué mejor que eso que un editor profesional para hacerlo.

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