Las nuevas mañanas y aún me quieres

En la canción —¿sería mejor llamarla poesía musicada?— «Nuevas mañanas», Nacho Vegas, describe una bella relación de amor.


Si sitúa en ese momento en el que todos hemos estado al menos una vez, donde cagarla es la tónica y sin embargo, el amor perdura.


Vegas siempre con su habitual alegría vital lo dice así:


Dame una canción
Por cada mal trago
De todos los que junto a mí has tenido que pasar
Y creo que podré
Dar un concierto
Tan largo que no vuelva a hacerte daño nunca más
Y es que tiemblo al comprender que puedo cometer
Un nuevo error y ver como el amor se te acaba
Y es extraño comprobar como una vez más
Una nueva mañana nace y tú aún me quieres
Y me dedicaré a trazar nuevos planes
Para merecer estar contigo hasta el final (...)



Cometer errores es humano, perdonar también, perdonar demasiado ídem, cansarse de hacerlo igualmente.


Creer en el perdón y amar al otro con sus errores, es también aceptar que es libre de tenerlos.


Si no crees que exista la libertad, no crees en la responsabilidad y el perdón no tiene sentido.


A la hora de escribir el narrador puede dar tanta vida a su personaje que este también yerre o tema porque su amor no le perdone más o que una mañana se levante y se dé cuenta de que ya no le quiere.


Incluso que, a la hora de escribir, lo que hagas cobre tanta autonomía que tome decisiones que tú, como persona, jamás tomarías, pero que son completamente verosímiles.


Recuerda que la riqueza de los personajes depende de ti, de las situaciones que les crees, de la gracia de tu lenguaje y de que, cuando yerras, tengas un editor a tu lado sin que te abandone por ello.


Bueno y ya de paso, que tampoco te abandone tu pareja.


Que cada mañana sea un milagro.


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