Las Navidades no son un recuerdo, son presentes

Llega la Nochebuena.


Las empresas te felicitan la Navidad.


Los amigos y familiares intercambian mensajes y felicitaciones. Unas sinceras otras prefabricadas.


Se empieza a beber temprano y la gente teme el reencuentro con cierta familia y ciertos temas —básicamente la política y el fútbol, quizás alguna herencia…—.


Este año hay restricciones y algunos cenarán con mascarillas y las ventanas abiertas.


Yo tengo un nuevo inquilino y no puedo abrir las ventanas porque sigo sin mosquiteras, así que no tendré frío.


Hay gente que celebra la llegada del Niño Dios y gente que celebra la llegada de Papá Noel.


Gente que está sola, gente a la que le gustaría y gente que debería estarlo.


Las Navidades van y vienen y desde que nos enteramos de que los Reyes Magos son los padres ya no hacen la misma ilusión.


El siguiente paso es cuando son tus hijos quienes se enteran de ello.


Hablar con un viejo amigo, e incluso emborracharse con él, es algo que nos hace un poco mejores.


Si la Navidad sirve para que la amistad mantenga esos lazos intangibles que la sostienen siempre será bella.


Pocas cosas más tristes que una Navidad donde todo es recuerdo de un pasado que no volverá.


Por todo y por ello, os deseo tres cosas importantes:


1) ¡Feliz Navidad!


2) Que tu Navidad sea vivida en el presente. Es inevitable mirar con los ojos al pasado, pero que tu alma mire a lo tiene alrededor.


En realidad, el pasado no existe. Es solo una imagen modificada de otro tiempo. Tampoco te fíes de ello.


3) Aprovecha para un rato de soledad. Soledad de buena calidad. Y escribe. Haz que tu libro cobre forma y sácalo a la luz.


Un editor te está esperando:


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