La vuelta al cole

Para los que tenemos hijos la vuelta al cole siempre es una aventura.


En el año 2020, la vuelta al cole además de una aventura es un desparrame.


No es sencillo que todo se haga tan mal.


Recuerdo cuando iba a jugar al baloncesto y la cosa se hacía sin niños y los lamentos se resolvían más a puñetazos que a lloros, uno de los juegos con los que nos picábamos era el 21.


Ya sabes. Se tira por orden, el balón debe dar al menos un bote para que lo recoja el siguiente y tire desde donde lo haya recogido y hay que llegar a 21 puntos, valiendo el tiro libre uno, menos el primero que vale dos, el doble dos y el triple tres. Si te pasas de 21, porque llegas a 20 y fallas el tiro libre tienes que llegar a 31 y así.


La cosa es que cuando eres malo jugando al baloncesto, o acabas de empezar o eres niño o todo junto, cuando llegas a 19 y estás en la línea de tiros libres, pues tiras a fallar. Porque meter uno más te pondría en la tesitura de meter otro seguido —y eso no se suele dar— o ir a 31 y eso es perder.


Era muy gracioso tirar los tiros libres mal aposta. Porque creamos una especie de política de buenas costumbres —muy actual o muy afgana, como quieras— donde había que tirar a meter la canasta, sino eras descalificado. No valían las pedradas ni tirar a fallar mal para el rival la tuviese lejos a la hora de recoger el rebote.


Pero claro, esto nos llevaba a tirar a fallar disimuladamente y con discreción. El porcentaje de Daff —el que se cree Michael Jordan— aumentaba porque las metía sin querer más que queriendo.


Curioso.


La cosa es que la vuelta al cole me parece algo similar. Es hacer las cosas mal disimuladamente.


Creo que todas nuestras queridas autoridades están haciendo trampas y tirando mal el tiro libre pero para que no se note, aunque se nota si te fijas bien.


Yo que soy muy bestia, prefiero menos paripé y que hablen claro, pero eso no se va a dar.


Vivimos en la era del engaño consensuado y de la enculada con valores.


Escribir muchas veces también es un engaño enmascarado. Un juego de dobles y triples mentiras que esconden una verdad.


Mucho lector ingenuo cree que un escritor en realidad está en la piel del protagonista y puede que esté «repartido» entre personajes antagónicos o dispares, suelto a gotas entre diferentes secundarios, etcétera.


El autor no tiene por qué querer mostrarse, o decir la verdad.


La verdad es lo que nos dice el libro, no él.


Eso es todo.


Eso y no meterla cuando quieres fallar.


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