La necesidad de la melancolía

Las viejas ciudades

Donde es grato vivir.

La umbría de los parques

Bajo el cielo de abril.

Las calles fulgurantes

Y el despoblado yerto.

Todo lo he visto, de todo me acuerdo.

Los dones de la infancia.

El mármol y la cruz.

El vino y las rosas

De la plenitud.

Las lindes del edén

Y las lindes del infierno.

Todo lo he visto, de todo me acuerdo.

(…)

La ternura de los cuerpos,

La gracia de vivir.

Los senos desnudos

De la meretriz.

El loto en el fango

Y la orquídea en el desierto.

Todo lo he visto, de todo me acuerdo.

En mis ojos, asombros. En mis ojos, prodigios. En mis ojos, portentos.

En mis ojos yacen mis ayeres muertos.

Mis ayeres muertos. Rafael Berrio.



La melancolía es algo que en realidad no está bien vista.



Hay cierto empuje favorable en decir eso de que hay «vivir el presente». «Mirar hacia delante, no mirar atrás». O en eso de «nada vale que recuerdes el pasado».



Hay cierta melancolía enfermiza, la de sentirla hacia aquello que en realidad no sucedió o incluso en esa de añorar épocas o momentos que no conociste porque ni siquiera habías nacido.



Pero el ser humano es una construcción temporal y nuestro presente es nuestro pasado sumado en una línea discontinúa de recuerdos y decisiones.



Verlo todo, de todo acordarse, hacen del hombre alguien con capacidad crítica, alguien con el que se puede conversar.



Alguien que tiene los suficientes conocimientos para poder reflexionar.



Tus reflexiones siempre estarán limitadas a tus conocimientos.



El conocimiento es una ventana que se abre al mundo y el recuerdo es saber mantener esa ventana abierta.



El rencoroso es aquel que tiene las ventanas mal cerradas, el necio es aquel que vive en su sótano del presente continuo.



Un presente sin pasado en realidad es una nada. Como esos peces dorados de las peceras de agua fría que tienen una memoria de segundos, o al menos eso decían los expertos en peces.



El futuro no existe, no es más que la edificación que es nuestra vida. El último ladrillo colocado es nuestro presente, los de abajo todo lo hecho y lo que proyectamos es aire en el que puede que sigamos colocando ladrillos o de repente ya no.



La muerte sobreviene, los planes se truncan, las relaciones se rompen, los trabajos desaparecen y las ideas cambian. Vivir mirando siempre para adelante es frustrase ante el inevitable azar.



Ir contra la melancolía, ese bello ejercicio de la mente que nos recuerda el pasado a nuestra manera presente sumiéndonos en un estado espiritual único, es ir contra lo que nos hace humanos. No somos peces. Aunque parece que hay cierta intención de que lo seamos.



El destino no solo lo forja el temperamento, sino que es un presente continuo. Cuando se hace material.



Da igual los castillos en el aire, las cuentas de la lechera, hasta que no lo tengas en las manos serán ensoñaciones. Soñar es más peligroso que sentir melancolía porque manipula el presente y nos hace olvidar de dónde venimos.



Algo común en cualquiera que tenga una empresa o un bello proyecto vital o un libro, es soñar con el futuro.



Cuántos libros venderemos, quién nos publicará, cómo seré reconocido, cuánto dinero ganaré...



Lo más bello de escribir un libro es el hecho de estar haciéndolo, de estar trabajándolo, y lo más bello de venderlo no será llegar a la cifra que soñaste sino el hecho de venderlo.



Sin melancolía no habría arte, no habría genio.



No es presentismo. Pues escribir es el acto definitivo de melancolía. Un recrearse en el pasado y en tu yo interior y hacerlo presente, plasmarlo.



El escritor tiene dos peligros que le rodean: encerrarse en una melancolía de las peligrosas, la de añorar lo que no pasó, acabar creyéndonosla y acabar enfermando o mirar al futuro y escribir pensando en qué le deparará.



Errores muy comunes que veo constantemente.



¿Has escrito el libro?



Ahora toca mejorarlo. El editor tiene la habilidad de remover tu melancolía para afilarla, mejorarla. Ponerse en tu pellejo. Editar. Trabajar tu libro.



Cuando termines, hablamos del presente que ya será futuro.