La necesaria vanidad del escritor

El 15 de diciembre de 2013, el ABC entrevistó a Tom Wolfe a propósito de su novela recién publicada Bloody Miami. Interesante. 

 

¿Y? 

 

Me llamó la atención esta respuesta: 

 


—¿Y cómo se las arreglaría el Tom Wolfe periodista en la actualidad?

—Sería complicado. Cada vez es más difícil, porque cuesta más hacerse un nombre. ¿Sabría decirme el nombre de los cinco mejores escritores de blogs? Pues ahí está la respuesta. Además, ahora todo el mundo quiere hacer lo mismo: escribir para la televisión y hacer los guiones de «Los Simpson». Y yo, la verdad, no quiero tomar parte de algo en lo que no puedo ser nombrado o identificado. Es vanidad, sí, pero la mayoría de la gente que escribe no lo hace por dinero, sino para hacerse un nombre. Y eso es de lo que realmente se trata. Es como en la música: ¿quieres hacer música o quieres ser una estrella?

 


La vanidad es el principal motor de creación artística.

 

Esto no es ni bueno ni malo, simplemente es.

 

Todos los guitarristas empezaron sus primeros acordes para ser estrellas, para tener dinero sí, pero sobre todo para ser famoso, transcender en la historia, ser recordado, ser un grande.

 

 

Los novelistas sueñan con ser el nuevo Stephen King, rodeado de jardines, escribiendo en el despacho en la planta de arriba de su mansión a las afueras. Ir a una firma y que las colas de gente con tu libro bajo el brazo rodeen el edificio. 

 

La vanidad no tiene por qué ser mala de forma intrínseca. 

 

Es un gran motor de creación, de luchar por mejorar, de querer ser mejor.

 

También es la forma en el que tus esfuerzos pueden verse recompensados. 

 

Tom Wolfe empezó a usar traje blanco en su juventud para no pasar desapercibido en la redacción cuando llegó al periódico. Y nunca se lo quitó.

 

Se creó un personaje. Su enorme talento para alcanzar su sed de fama. Satisfacer su ego, calmar su vanidad. Y mostrar al mundo sus contradicciones, sus miserias y sus cuestionables valores.

 

No digo que siendo escritor solo te mueva la vanidad. Hay otros factores. Pero no somos seres puros.

 

Yo abrí este proyecto personal de edición para ganar dinero y el ego recibe baños de satisfacción cada vez que leo que mi tasa de lectura de los mails es de más del 45%, que te aseguro que es muchísimo. 

 

Me gusta mi trabajo y me mueve a mejorar. Como te debe pasar a ti, amigo escritor.

 

Para estos y más consejos, te recomiendo mi curso de escritura: 

 

https://adriannaranjo.com/curso-escribir-un-libro