La historia de V. El Christian Grey sin emancipar

Tengo un conocido. Llamémosle V.


Y tiene una mazmorra en el chalé de sus padres, en la buhardilla.


¿Qué es una mazmorra?


En mi ignorancia infinita, mazmorra me sonaba a Dragones y mazmorras y eso lo relacionaba con chicos que lo más cerca que habían estado de una mujer era cuando iban con su madre a visitar a sus tíos y a sus primas.


Nada más lejos.


Una mazmorra es un lugar lleno de utensilios que harían las delicias del doctor Hannibal Lecter.


Potros, cuerdas de cuero, fustas, cadenas en la pared, espéculos, máscaras...


Sí, en el chalet de sus padres.


V. tiene cuarenta años, pero vive con ellos. Pero tiene una llave que es todo lo que necesita para tener a buen recaudo su sala de placer/dolor.


Es un Christian Grey pero que sus compras las hace en AliExpress, el Amazon chino.


V. es, pues, el Grey del chino.


Pero el fondo es el mismo; zurrar y ser zurrado.


Nos tomamos unas cervezas con él y nos cuenta el prodigio que es meter una buena tunda a alguien.


La salivilla se le escapa de los labios describiendo las cosas que le gustan hacer, mientras yo me pido otra cerveza y pienso en su madre lavándole los corsés y los calzoncillos un sábado por la mañana.


Me dijo que yo siendo alto y fuerte sería un amo muy solicitado.


Pensé en dónde pondría mi mazmorra.


Tengo un trastero donde guardo cosas y cajas de Coca-Cola.


Pensé en mis cocacolas y llegué a la conclusión que no merecía la pena.


Al contrario que Grey no tengo ni abdominales sin tengo un jet privado. Soy un editor que viaja en Uber.


¿Qué sentido tiene?


No me he leído ni he visto nada sobre Grey, aunque ya es cultura popular, como Yoda, John Lennon o Cañita Brava. Eso es innegable.


Y es que la literatura tiene ese poder.


Mujeres que se muerden el labio cuando recuerdan a Grey o la buhardilla de V.


Gente nacida para ganar y gente nacida sin criterio.


No le quito ningún mérito a la autora británica que escribió esto.


Ha sabido conectar con miles y miles de mujeres que desean encerrarse en una mazmorra con un tipo que las trate con un guiñapo.


Ahí no me meto.


Lo importante es tener la suficiente sensibilidad para saber conectar emocionalmente con un público determinado.


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PD: Si lo que buscáis es que la madre de V. os haga una limonada y unas magdalenas para merendar y luego su hijo os enseñe la mazmorra y lo que surja, llamadle a él. Yo tengo el trastero lleno de Coca-Cola.