La crisis de los cuarenta o de por qué un palo selfi puede marcar tu destino

Dicen que los hombres con problemas de autoestima en plena crisis de la pitopausia lo manifiestan de diferentes modos:


Compran coches deportivos.


Oh.


Se echan una novia joven.


Oh.


Suben vídeos al Tik Tok.


Oh.


Se hacen la láser completa y cuando digo completa digo completa.


Oh y oh.


Cuando adquieres el pack completo del pitopáusico, es decir, novia joven en un deportivo, recién depilado con vídeo del proceso en las redes sociales, podríamos decir que el susodicho está en plena vorágine del fin.


Lo jodido es ser un pitopáusico y no tener un duro.


Es jodido no tener un duro, en general.


No habrá ni deportivo (no te da ni para el Cabify a Aluche para comer unos torreznos), ni novia joven (eres un cuarentón calvo, y lo importante es el interior pero no exageremos), la depilación en lugar de con láser te la haces con la crema del Mercadona y al segundo tirón te das cuenta de que no compensa y en Tik Tok sigues a más gente de la que te sigue a ti, y tu cuñado te vigila para que no tontees con tu vecina La Cuqui.


Podemos decir que el dinero en este caso da rienda suelta a toda la potencial estupidez de la que es capaz un pitopáusico.


El que no tiene dinero pronto la tierra le tira, las raíces le impiden escalar a las nubes. Vamos, que siendo pobre se puede ser gilipollas pero no tanto.


¿Y?


La vida es así.


Pero nada de lo que digo tiene relación a la hora de escribir.


Puedes haber adquirido un flamante palo selfi dorado para ser el terror de las nenas de segundo de bachillerato o de tu vecina cuarentona adicta a la cocaína —Tik Tok es lo que tiene— o puedes haber pedido un crédito para pagar otro —«refinanciar deuda» lo llaman, que es algo más feo que llamar tres veces a un perro Felipe—, que eso no impide que escribas y que lo hagas bien.


En todo caso, mi curso te va a ayudar a que lo hagas en condiciones:


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