La caverna, Sabonis, la hija de Jesulín y una pareja de New Hampshire

Me levanto a las seis de la mañana.


Desayuno y me pongo a ver la prensa.


Primero voy a lo principal y leo la NBA. Luego voy a lo menos mollar pero no por ello menos interesante; al AS y al Marca, pero no a leer lo del fútbol, que no me interesa, sino esas noticias que se llaman «clickbait», es decir, informaciones con titulares falseados o exagerados para que la gente haga clic en ellos. Son un ciberanzuelo dice Wikipedia.


Me encanta ser ciberanzuelado.


Mi composición de la realidad pasa por lo que hagan los Lakers, los audios de Florentino y las noticias de «cibercebo» —es un no parar.


Gracias a ellas me he enterado de que no sé qué famosa que no conozco fue una atleta increíble en su juventud, o que un matrimonio de New Hampshire descubrió toda la verdad acerca de su casero al mirar una simple foto, o que la hija de Jesulín se ha puesto tetas pero que no se la puede juzgar ni para bien ni para mal.


Porque últimamente pasa mucho eso. Te mandan input constantes en las noticias, pero no puedes opinar.


A mí me dicen algo y tiendo a formarme una opinión equivocada, que para eso soy un varón de mediana edad, blanco y occidental. Entiendo que las nuevas generaciones vienen programadas para no omitir opiniones, vivir en el mundo de la episteme platónica fuera ya de la caverna. Y a las afueras de la caverna hay flamantes centros comerciales.


Yo, pobre mortal, vivo en el mundo de las sombras. Opinando a diestro y siniestro y dando un clic tras otro a «antiguas parejas de Hollywood que no creías que pudieran haber estado juntas».


Sigo pensando que Hollywood aún debe aprender mucho de Arévalo y Malena Gracia, en cualquier caso.


Hoy leo una entrevista al mejor pívot europeo de la historia, Arvydas Sabonis, y para que no me llamen loco, me quedo ahí. Poquitos jugadores como él.


Además, madridista. Porque eso también me parece importante.


Así se me pasa el tiempo hasta que me toca sacar al perro. A eso de las 6:45. Esperando a que el señor del parque abra con sus llaves de la ciudad dicho recinto.


Es un parque tan grande que le han puesto vallas y puertas, para que los que vivamos en la cueva no nos perdamos.


La cosa es que Sabonis habla de su Euroliga con el Madrid, de sus récords de valoración, deja entrever lo malo que era Antúnez y a mí, en mi cueva, me entra la nostalgia.


La nostalgia de un mundo en el que opinábamos y éramos libres de equivocarnos.


Donde se podía comentar sobre las tetas de la hija de Jesulín que, digo yo, para algo se las habrá puesto y lo dice. ¿No quieres mi opinión? No me lo cuentes. Así de fácil. Como cualquier pareja normal; no le dices las cosas que no quieres y ya está. ¿No? La clave de cualquier matrimonio duradero es el secretismo, eso lo saben desde Heráclito, por lo menos.


Y donde la episteme no estaba en «consumir y callar», sino en «vivir y gritar con rabia».


Echo de menos la rabia de mis años jóvenes. La indignación que me provocaba todo. Donde no había ciberanzuelos, sino trampas pelirrojas 1.0 que te llamaban cariñosa —¿cómo sabía mi número?—, para que les hicieras el trabajo del Lazarillo cuando te despreciaban profundamente.


Ser mal mandado, como Sabonis, fue uno de esos gritos de mi juventud y la pelirroja dejó hasta de saludarme. El Lazarillo era mío y solo mío, y ahora, varias décadas después, aquello hubiera sido como esas parejas inverosímiles que me enseña el Marca de buena mañana.


Porque ser una pareja inverosímil en la vida real suena a «apaño» como dicen en los pueblos, a «negocio», como dicen los urbanitas, pero, por ello, son posibles. Tú, que eres joven, no puedes opinar sobre los apaños, solo constatar que existen.


Sin embargo, como escritor, hacer un personaje inverosímil no es un «apaño», es una chapuza. Y un editor tiene la obligación de mostrarte el camino de salida de la caverna. Enseñarte con el dedo el flamante centro comercial de ahí fuera. Y decirte: «si Fulanito hiciera eso por estos X motivos, resulta que Fulanito sería ya un personaje bien construido en toda regla. Cuéntanos esas razones. Por ahora está como una de esas parejas de New Hampshire antes de ver la foto, sin enterarse de la misa la media».


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