Guarro como en editor sin confinar

A mi vecina de abajo la han confinado.


Es muy pesada y siempre lleva un perro pulgoso de esos blancos con el rabo tieso y en punta.


De los que se llaman «perros patada».


Mi vecina te mira mal y cuando suena el cabecero de la cama porque hay algún movimiento, da bastonazos en el techo para que te calles.


A mi vecina la han confinado porque según las nuevas medidas de nuestros dirigentes, los bajitos de menos de 1,50 son supercontagiadores a no ser que sean niños, que entonces no contagian.


¿O sí?


Yo es que me lío.


También han confinado a su perro, porque es uno de los pocos casos de perros que cuando le das una patada es capaz de esputar virus a más de 10 metros.


La madre de mi vecina vive con ellos y una vez sin querer dio los buenos días y por eso la han confinado también.


Saludar a los vecinos hace que las gotículas campen a sus anchas.


A mí por suerte me han dejado libre, porque ni saludo ni tengo perros supercontagiadores ni soy bajito.


Aunque las autoridades me han dicho que nada de mover el cabecero. Que el sexo con mascarilla y la parienta mirando a Cuenca.


El Real Decreto ha oficializado eso de «mirar a Cuenca» como la postura oficial de los buenos ciudadanos.


Con mascarilla y por detrás, sin molestar a la vecina y en lugar de lubricante gel hidroalcohólico.


A mí casera también le han confinado. Porque vive en número impar y según la OMS los números impares tienen más posibilidades de coágulos.


Fui a comprar y todas las calles estaban pintadas con flechas para saber en qué dirección andar, lo que yo agradezco mucho porque nací perdido.


Sé que todo esto es por nuestro bien y porque el misionero evoca a una época imperialista que todo español de bien debe olvidar. Ahora somos ciudadanos del mundo y desde Ginebra nos dicen que poniéndonos todos a cuatro es todo mejor.


Mientras pagaba la luz en el cajero del BBVA una señora me abroncó porque mi mascarilla FP2 de Imagen y Sonido no era solidaria.


Vivimos en un mundo complejo, donde nos toca mirar el Teletexto todas las mañanas, no solo para el resultado de la Lotería, sino también por si esta vez podemos salir de casa o no.


Bienaventurados los parados que gracias a que no tienen trabajo pueden quedarse en casa con los niños aislados en el trastero para que no contagien nada de tanto ir y venir al cole y la pareja a más de metro y medio.


Porque los niños son supercontagiadores.


¿O no?


Bienaventurados los «perros patada» por hacernos ver que será de nosotros en otra vida si en esta eres muy hijo de puta.


Bienaventurados los vecinos muy bajitos a los que le molesta tu existencia, porque el ruido daña la Capa de Ozono.


Bienaventurados los políticos por mantenernos actualizado el Teletexto no solo por la Lotería, sino para saber si nos podemos emborrachar en el bar o en casa.


Y finalmente, bienaventurados los editores que hacen libros sin la distancia social, pringándose bien los dedos, porque un libro, al igual que en el sexo, o se es guarro o no es lo mismo.


Aquí mis servicios:


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