Estos son los días. Ruge el león de Belfast

Estos son los días del verano sin fin
Estos son los días, el momento es ahora
No hay pasado, solo hay futuro
Solo hay aquí, solo hay ahora

Oh, tu cara sonriente, tu graciosa presencia
Los fuegos de la primavera están brillando
Oh, el corazón radiante y el canto de gloria
Llorando libertad en la noche

Estos son los días junto al río resplandeciente
Su oportuna gracia y nuestro preciado hallazgo
Este es el amor del único mago
Convirtió el agua en vino

Estos son días de la danza sin fin y
largas caminatas en la noche de verano
Estos son los días del verdadero romance
Cuando te estoy abrazando oh, tan fuerte

Estos son los días ahora que debemos saborear
Y debemos disfrutar como podamos
Estos son los días que durarán para siempre
Tienes que guardarlos en tu corazón



Cuando me encontré ante el folio en blanco me encontré a Van Morrison rugiendo.


Una vez más el infinito león de Belfast.


Sonaba la bella These Are the Days.


Iba a coger solo una estrofa, pero no pude. Total, es mejor entera y escuchar la canción. Deberías hacerlo.


Y recordar, recordar esos días de verano sin fin.


Pero no un recuerdo vano, de un ejercitar la inútil nostalgia. «No hay pasado, solo hay futuro».


Es difícil no recrearse en la nostalgia cuando piensas en las largas caminatas en las noches de verano.


Cuando nuestro corazón estaba radiante y la libertad era un llanto de felicidad.


Cómo no recordar cierta juventud idealizada. Cómo no recordar el maravillo placer de sentirse libre, humo sin responsabilidades.


Esos son los días que se recuerdan. No como autoimposición. Son los que recuerdan porque sí. Son sensaciones que se pueden paladear. Son luces. Son días de estudiantes en la primavera.


Son días de un verano sin fin con la persona a la que de verdad quieres.


El verano nos lo han arrebatado. Con el subterfugio de que nos enganchemos a la nostalgia de un verano que volverá «cuando pase la tormenta».


Pero vivir en el pasado, sin ahora ni futuro, no es vivir, es marchitarse.


Quizás no queden largos paseos en una noche de verano, pero sí la persona que los hacía posible, aunque lloviera.


Olvida aquellos días, no eran buenos porque sí, sino por quien estaba contigo. Y quizás, con un poco de suerte, esa misma persona la tengas en bata ahora mismo, a tu lado.


El río ya no resplandece, pero su sonrisa sí.


Una de las razones por las que el mundo continúa es porque no debemos dejar que nos arrebaten la belleza, la creación, el milagro, la inocencia…


La literatura como redención, como nuestra redención:


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