El escritor se suicida a plazos

He leído una estadística oficial demoledora, a la que nadie hace mucho caso porque eso de hacer caso a algo suele ser lo mismo que poner la mirada en la luz que con una linterna te señalan creyendo que es toda la luz de la habitación sin caer en la cuenta de que estás en medio de un paraje con un Sol radiante.

 

No dinero, no fiesta.

 

La cosa es que me refiero a las estadísticas del suicidio. Desde mayo de 2003 hasta mayo de 2020, en España, se han suicidado aproximadamente ocho personas cada seis días. Y no se han tenido en cuenta aún los meses de confinamiento forzoso, en los cuales mucho me temo que la estadística se habrá disparado más. Supongo que todo esto es, además, ahora que somos globales, extrapolable cuanto menos a todo Occidente.

 

Albert Camus, ese literato que filosofaba y que llamaban existencialista porque se lo llamaban a Sartre, pero que no lo era, decía aquello de «no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio».

 

Siguiendo a Camus, si el mayor problema filosófico es el suicidio y partimos del hecho de que todo nuestro saber nace para responder a los interrogantes que surgen de nuestra propia contingencia, de no tener nada seguro excepto de que somos limitados y vamos a morir, la cosa se pone oscura.

 

La muerte, ese hecho ineludible y nuestra única certeza real, nos obliga a buscar respuestas para poder despejar todas esas dudas. La angustia que da la incertidumbre de saberse limitado, pero sin fecha de caducidad en el envase, es ese soniquete que siempre que nos sentamos a pensar nos acompaña. Algunos, sin aguantar más dicha sensación, deciden quitarse de en medio, adelantándose a la muerte, eligiendo él a la parca y no la parca a él. Si lo piensas, es algo absolutamente oscuro, terrorífico, pero al mismo tiempo, un problema filosófico que eclipsa cualquier otro, como bien dice Camus.

 

¿El suicida es un cobarde o un valiente?

 

No seré yo aquí quien se pronuncie. Pero es un tema interesante. ¿Por qué siempre digo que un escritor es siempre un poco suicida?

 

Porque el escritor no se conforma con vivir su existencia, quiere vivir la de otros. Por eso va a los sitios libreta en mano tomando notas, viendo lo que hace cada cual para de ahí sacar alguna anécdota o algo de lo que escribir o que le inspire. Pero no solo el escritor está enfocado en los demás, no le vale solo eso, también se inventa todo un universo, le pone principio y fin, aunque deje a sus personajes cierta libertad. Porque los personajes siempre se acaban rebelando. Es suicida porque siempre sabe el final de lo que crea y le pone fin cuando él quiere. A veces por cobardía otras por valentía. Un suicida porque da vida y al mismo tiempo la arrebata, yéndose parte de su yo con cada escrito.

 

Podríamos decir que el escritor es un suicida a plazos.