Cuando escribes sobre Caperucita y no te das cuenta

Los cuentos infantiles cuentos son.

Caperucita Roja es un ejemplo de personaje predecible y plano.

Y así debe ser.

Es un cuento infantil y todos lo que lo leen —y más importante— escuchan, debe saber a qué atenerse.

Los niños disfrutan de la rutina y la repetición.

Caperucita no puede desmarcarse, coger la cesta e irse de manifa a Malasaña y dejar a su abuela sin comida en un acto de rebeldía generacional sin precedentes.

La labor de un editor, entre otras muchas, es dotar a los personajes de profundidad, de las dimensiones complejas de una realidad compleja.

La vida no es simple.

Es mentira si te dicen que sí.

La realidad es poliédrica y complicada.

Un buen escritor debe dotar a un personaje de una personalidad elaborada y a la vez verosímil.

No tiene sentido crear un personaje de una ancianita que vive sola en una residencia, y de repente hacerla campeona olímpica de heptatlón.

Sería un personaje nada simple y nada verosímil.

Uno de los errores más frecuentes de un escritor es dejar que los personajes no transmitan nada, no darles personalidad.

Nosotros simplificamos la realidad a base de rutinas y lugares comunes para poder vivir y tratar de encontrar un punto de comodidad —¿felicidad? —.

Y eso se debe reflejar en una novela. En una de las buenas.

Realidad compleja y los personajes tratando de encontrar su verdad en el mundo.

Si sabes en todo momento qué va a hacer el personaje mientras estás leyendo un libro, es que el autor ha hecho una Caperucita sin pretenderlo.

Raskólnikov, el protagonista de Crimen y castigo es un personaje trazado a la perfección.

Un dilema moral, la búsqueda del perdón y de la redención.

Un editor tiene el oficio —y la obligación— de dotar a los personajes de una profundidad si es que llegan a sus manos y no la tienen.

Obligar al escritor a reconstruir diálogos, situaciones y tramas para que Caperucita se plantee si quiere ir a ver a su abuela o prefiere ponerse de LSD en los acantilados de Brighton.

Incluso ayudar a reescribirlos.

Ser editor va mucho más allá de maquetar un libro, labor también necesaria.

Por eso doy este servicio.

Si quieres salir de lo plano, pasar de un mundo infantil a uno de adultos, debes echar un ojo a esto:

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