Cocinero, cocinero enciende bien la candela

Cocinero, cocinero enciende bien la candela
Y prepara con esmero un arroz con habichuelas
Cocinero, cocinero aprovecha la ocasión
Que el futuro es muy oscuro,
Que el futuro es muy oscuro,
Ayyyyyyy, trabajando en el carbón.

Mi hija prepara un festival para su colegio. Van a hacer una representación teatral donde hay cocineros, camareros y comensales.

Ella es comensal.

Pero se sabe las canciones que tienen que cantar todos.

El otro día, antes de cenar, se arrancó por Antonio Molina.

Ni que decir que además de caérseme la baba, no podía parar de reír mientras trataba de aguantar, sostener y modular la voz como el célebre malagueño en ese “ayyyyyy”.

El otro día hice risotto de setas, y para ello tuve que encender la candela.

Me salió rico.

Abrí una botella de vino blanco para echar un vaso al arroz y el resto me lo tuve que beber mientras cocinaba.

Tatareaba a mi hija mientras cantaba a Antonio Molina.

Para mí, mi hija ha hecho suya la canción. Es de esas versiones que ya te suenan mejor que el original.

Es amor de padre.

Si eres escritor y te dedicas solo a versionar o directamente plagiar a otros, nunca harás ese libro tuyo.

Se pone de moda Cincuenta sombras de Grey y te llegan veinte manuscritos con el Grey de turno como protagonista. Sustancialmente empotrador aunque de profesión liberal variable: médico, abogado, bróker, filósofo… Esto último no.

Se pone de moda El secreto y te llegan veinte manuscritos diciéndote que si piensas muy fuerte en algo, esto se cumple. Como le pasaba a la protagonista de Matilda pero para gente con achaques.

Y así.

Para hacer una buena versión de algo debes dominar la técnica y respetar mucho la obra original, aunque la hagas luego a tu antojo.

No se puede empezar a escribir y pretender plagiar a Stendhal y que nadie lo note.

Un editor es alguien que te ayuda a descubrir la técnica adecuada para luego jugar con ella.

Primero se pinta dominando la técnica clásica, la normativa, la de Velázquez y luego se inventa el cubismo.

Puedes intentar hacerte un Ana Rosa y que tu cuñado te plagie Rojo y Negro y lo publique a tu nombre o puedes escribir algo propio.

Si eres de los segundos, debes editarlo.

El lector no tendrá por ti amor de padre, o sea que ya puedes tomártelo en serio.

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