«Boomers» versus «Zommers»

Me acerco a la cuarentena.

 

No a la de la viruela del mono, sino a la de la edad.

 

Cuarenta años.

 

Y he vendido alguna escoba y otras me las han partido en las costillas.

 

Hay en internet una batalla épica entre boomers y zoomers sobre los privilegios de cada edad.

 

Los boomers son los nacidos entre el 62 y el 77 en España. La generación del babyboom.

 

Los zoomers, que vienen muy fuertes y muy quemados, entre el 95 y el 2005, aproximadamente.

 

Los mayores acusan a los jóvenes de no haber trabajado como ellos, que todos se hicieron a sí mismos y de los blandos que son.

 

Los jóvenes acusan a mayores de haber destruido el tejido económico, social y moral del país.

 

Juzguen ustedes mismos.

 

Ahí están los datos.

 

Bien es cierto que el futuro que se proyecta a las nuevas generaciones es jodido. Y que el sistema piramidal de las pensiones no da, pero que ningún político tocará nada porque su mayor caladero de votos son los boomers, que no están dispuestos a ceder nada.

 

Los cuarentones somos millenials.

 

Por lo visto amamos la tecnología y somos jóvenes para unos, viejos para otros.

 

«Unos me llaman chaval, y otros me dicen caballero». 

 

Dicen que esto nos provoca una crisis existencial porque nos gustaría pertenecer a los zoomers.

 

Yo no sé si tengo crisis existencial o no.

 

Estoy en el centro neutral de un campo de batalla donde llueven las balas.

 

Solo sé que el mundo que nos ha tocado vivir es un auténtico enjambre y que lsu dificultad y complejidad es infinitamente mayor de la que les tocó a los boomers.

 

También sé que algunos boomers confunden su vida con la de sus padres, que con 17 años tenían tres tiros en la pierna o estaban a saber en qué país en qué circunstancias.

 

También sé que la imagen que proyectan los medios de los zoomers es la de una especie de macacos unineuronales que se dedican a mirar el móvil, a comer de Glovo y a copular.

 

Habría que ver quién controla esos medios, qué edad tienen, por qué llegaron ahí, por qué les interesa dar ese mensaje y por qué no.

 

También sé que muchos boomers se partieron los cuernos por sus hijos y son perfectamente conscientes de que su mundo era otro diferente. Cuanto menos, más lineal y sencillo.

 

El problema está en no admitir dónde están los problemas y en no responsabilizarse de sus decisiones.

 

No puedes decir que todo es más fácil si todos los datos van en tu contra.

 

No puedes decir que todos son unos insolidarios si sabes que no es así.

 

No puedes pretender crear un tapón generacional para mantener tus privilegios y no puedes pretender que alguien renuncie a todo para dártelo a ti. 

 

¿Cómo solucionamos esto?

 

No lo sé.

 

Pero la clave está en poner en valor todo lo que has hecho y todo el esfuerzo que has realizado para conseguirlo. Y ser lo más objetivo posible para valorar ese esfuerzo y la situación del otro.

 

Y tener sentido crítico con uno mismo.

 

Creer que todo lo que te ha llegado es solo mérito tuyo o si las circunstancias te han favorecido. Y admitirlo. Y no pasa nada.

 

Ojalá todos pudiéramos tener una vida fácil.

 

Lo jodido es ser tan mezquino como para no admitirlo y encima poner trabas a los otros para que no toquen tus privilegios.

 

Eso demuestra que no te mereces lo que tienes.

 

En edición pasa algo similar.

 

Puedes tener un buen libro, pero si lo afrontas sin sentido crítico, acabarás siendo un mezquino. Porque crees que todo el valor de tu escrito te pertenece y no. El valor de un libro lo decide el lector, no el escritor.

 

Por eso, un editor deber leer un libro que esté trabajando con las gafas rojas de los phenomena y ver sus fallos, sus potenciales mejoras y adoptar medidas para que ese texto alcance los estándares de calidad que exige el lector actual. 

 

Un mal escritor quiere mantenerse en su trono de privilegios donde solo él se juzga a sí mismo.

 

Un buen escritor sabe que su arte depende de los otros.

 

Un editor hace ese trabajo de adaptación. Igual que un Estado que no sea fallido no puede abandonar a su suerte a toda una generación porque le conviene más un puñado de votos con privilegios.

 

Un editor es un millenial, en cuanto está a caballo entre el escritor y el lector, recibiendo balazos de ambos frentes. 

Mi servicio de edición, aquí.