Antonio Escohotado, Saint-Just y los cambios de opinión

Cuenta Antonio Escohotado, en Los enemigos del comercio, que en junio de 1791 Saint-Just escribió:


«¡No te perdono, Rousseau, gran hombre, haber justificado la pena de muerte! […] Cuando un Estado es lo bastante infeliz para necesitar violencia su honor es la infamia […] Bienaventurado el país donde la pena sea el perdón, moviendo al crimen a sonrojarse de vergüenza».


Poco más de un año después, en diciembre de 1792, el todo o nada sigue operando como brújula en Saint-Just, pero en vez de exigir el perdón pide la cabeza de Luis XVI, algo tanto más notable cuanto que la mitad de la Asamblea está dudando entonces entre reducirle a figura decorativa o desterrarle:


«No veo término medio. Este hombre debe reinar o morir […] A un rey no se le juzga por los actos de su administración, sino por el crimen eterno de haber sido monarca. No se puede reinar inocentemente».


Sigue Escohotado:


«Hay pues crímenes de nacimiento, como el pecado original, que no se borran ni dimitiendo. Tanto si quiere como si no quiere, Luis XVI debe reinar o morir. Un semestre más tarde, Saint-Just ha tenido ocasión de aplicar su silogismo sin término medio a otros muchos asuntos de vida o muerte, y recapitula: «Desprecio el polvo del que estoy hecho, pero desafío al mundo a que me quite esa parte de mí que perdurará durante siglos y sobrevivirá en los cielos». El psicoanálisis no conoce ningún caso de delirio persecutorio sin su correspondiente delirio de grandeza, y la autocomplacencia del tribuno se liga una vez más a la escisión entre forma y contenido. Como sólo son culpables de reinar quienes porten corona, Marat, Robespierre o él mismo pueden regir sobre la vida, hacienda y opiniones de los franceses sin merma de inocencia».


Sin entrar en lo que supuso la Revolución francesa y la Ilustración para el mundo, en estos textos vemos una curiosa forma de cambiar de opinión y de ser en menos de dos años.


Saint-Just pasa de ser un convencido pacifista contra la pena de muerte a querer matar al rey a toda costa cuando se pensaba en el destierro real o simbólico.


El biólogo Humberto Maturana decía que en la Carta de los Derechos Humanos faltan tres derechos claves: el derecho a cambiar de opinión, el derecho a equivocarse y el derecho a irse sin que nadie se ofenda.


Saint-Just podría justificar su megalomanía y su enorme sed de sangre diciendo que tenía derecho a cambiar de opinión.


Visto así, cualquier cosa.


¿Y?


Este tema da para ensayos, escritos y por supuesto multitud de mails y en otro momento volveré a él. Pero ahora solo quiero mostrar a una cosa:


Haz que tus personajes sean reales, tengan vida y se contradigan. Que el poder les haga cambiar, que sean imperfectos, abyectos moralmente, o buenos y necesarios, pero con dudas. O sin las dudas que toda mente pagada de sí misma no tiene, y así.


Escribir bien es mucho más que hacer un guion de buenos contra malos, es hacer un guion de escala de grises contra otros tonos de gris.


Este y otros consejos, en mi curso de escritura. ¿A qué esperas?


https://adriannaranjo.com/curso-escribir-un-libro